domingo, 8 de agosto de 2021

Y EN VELEFIQUE, TRIANA



Y EN VELEFIQUE, TRIANA.

Artículo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 8 de agosto 2021


"Hace muchos años cuando se andaba de vinos por el centro de Almería nunca faltaba quien acababa proponiendo "cruzar a Triana" es decir: pasar del centro de la ciudad a la margen izquierda de la Rambla, a la zona de enfrente, camino de la Estación, Altamira…  un barrio en el que los bloques de pisos, ganada ya la partida a los bancales, iban haciendo proliferar los bares; y aquello que evidentemente era una broma que ascendía a río Guadalquivir la rambla de Belén tenía, sin embargo, mucho de serio.


Consultando el catastro del Marqués de la Ensenada de 1752 me encontré ante uno de sus ingenuos dibujos que -sin querer, pues no se hicieron para eso- aportaron algo de  ilustración a la aridez tributaria de  su  contenido; era un plano del lugar de Velefique, perteneciente con Gérgal y Febeire al señorío marquesal de Bacares; y en el que se representaba el pueblo y al otro lado del arroyo de Febeire escrita la palabra "TRYANA", y entonces recordé en vivo aquella población de la sierra de los Filabres, bonita y acogedora como la casa a la que fui invitado por María Lara y Manolo Beltrán, desde cuya puerta se podía ver el barrio trianero al que se accedía por el puente del camino del Castillo, cuya ruinas apenas se dejaban ver, mimetizadas ya con la pizarra del monte.


Podría decirse que al nacer ya traemos instalada la definición de Triana en modo de diccionario: "célebre barrio sevillano…"  y aunque es verdad que decir Triana es traer Sevilla a la mente, tampoco es mentira decir que ella no está sola, que hay muchas trianas salteando nuestra geografía y todas tienen en común un río, un barranco… un cauce que las separa del núcleo primitivo de población y las encara para que se miren, para que se arranquen a bailar, pues todas son ojitos derechos, hijas emancipadas, que se han ido a vivir enfrente para no perder de vista a su madre.


Con el nacimiento el bautizo y con este el nombre, no tardamos en buscar orígenes y  etimologías poniendo la lengua más que al servicio de la historia y la verdad, al de la vanagloria y, a lo grande, a la Triana de Sevilla la hicimos Traiana, Trajana, nada menos que por el célebre Trajano quien partió niño aplicado de la mano de su padre de la Bética a Roma para ser emperador y no consta, él se lo perdió, que hubiera pasado una temporada entre los velefiqueños. En cualquier caso se hace difícil creer que aquel hombre que conquistó la Dacia para que fuera, y lo sigue siendo, Romania por Roma, se tirara el pegote de autodedicarse el más célebre de los barrios sevillanos; discreto para emperador, se conformó con una gran columna en Roma,  bellísima y esculpida, que es todo un canto de sus ejércitos a su grandeza trajana.  


Ni al césar ni a dios lo que no es suyo, hay quien atribuye la procedencia del nombre a "tris ana", matris ana, o sea: madre Ana, que ya es rizar el rizo para que el famoso barrio sevillano le deba a su santa Ana -además de intercesión divina, gracia, arte y velás- el nombre… pero esta atribución que podría tener un cierto sentido en Sevilla no tiene ninguno en Velefique a cuyo barrio de enfrente, de seguir el mismo criterio, le habrían tenido que llamar "tris roque", patris roque, por ser San Roque, el del perrito del rabo cortado, su santo patrón… 


Por mucho que choque con nuestros delirios de grandeza, a las cosas grandes no hay que magnificarlas; lo son y lo saben ellas y lo sabemos todos sin necesidad de probanzas épicas o religiosas, dioses ni reyes. La realidad de la que siempre andamos huyendo sin éxito, se encarga de hacer todo más sencillo y cosas como la geografía, son las que mandan en la toponimia de los asentamientos: que están  en el río, en el mar, en el monte, arriba o abajo… O enfrente, en la Atrayana que es lo que  llamaban los árabes, que sabían latín y el significado de trans, al arrabal situado al otro lado del río. 


Como para ser triana tan solo se necesitaba voluntad y tener un cauce, no es de extrañar que proliferaran en la península y hasta navegaran a Canarias y aún a nuestras Indias Occidentales a las que, por cierto, bien pudieron llamar en vez de América, Triana por estar enfrente de España, a la otra orilla del mar, que al fin y al cabo no deja el Atlántico de ser un cauce aunque, eso sí, inmenso, infinitamente mayor que el río Guadalquivir y el arroyo de Velefique…


Y que los motivadores de las trianas de Jaén, Málaga, Murcia...Totana tiene dos grandes barrios: el del norte, curiosamente llamado Sevilla y bajo él, rambla de la Santa por medio, Triana; lo mismo que ocurre en Las Palmas en la que a continuación del casco primitivo existe la calle mayor, antaño barranco separador de un barrio que fue bautizado Triana, según cuentan los historiadores canarios, por unos sevillanos llegados a poblar con  la conquista, como si fuera cosa de nostalgia de emigrado, lo que si en este caso puede tener cierta lógica, repobladores llegaron, es algo que no funciona con Velefique a donde nadie llegó a repoblar desde Sevilla.


Como tampoco nadie fue de tierras almerienses a fundar allí triana alguna; Triana nació con Sevilla y de los primeros sevillanos que cansados pronto de que las barcas fueran siempre de ida y vuelta decidieron un día que se pudieran quedar a dormir amarradas en la atrayana, al otro lado del río, a la vera del naciente caserío.. Y eso lo sabía todo el mundo pero con el tiempo, madre e hija, borrachitas de fama, buena y bien ganada, se olvidaron hasta del origen del nombre de la niña y tuvo que ir Velefique a poner respetuosamente la mano en el hombro a Sevilla y decirle por lo bajito que ella también tiene una Triana que voló de casa para posarse enfrente, al otro lado del barranco de Febeire… y entonces recordó el porqué del nombre y el día en que, en barca y sin pagar dinero, cruzó el Guadalquivir su hija bonita, la que había parido una mañana de abril de hacía dos mil años… y hasta le pareció oír a lo lejos contar a El Pali en latín por sevillanas: 

 "Sevilla tuvo una niña 

 y le pusieron Triana".



LA ORGÍA DE ALBA



LA ORGÍA DE ALBA. En femenino plural.

Artículo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 26 de julio de 2021.

"Contaba mi padre que en los años veinte siendo estudiante en Sevilla las veces que los compañeros de facultad se iban de vinos recibían como agua de mayo la llegada de un hombre mayor que les pagaba las copas con la condición de que el grupo lo admitiera dándole trato de "señor marqués". La juerga bien valía la misa y todos rendían pleitesía a aquel personaje divertido y noble, al menos de corazón, hasta el punto de haber elegido para su título inventado el nombre saltarín de Marqués de las Cabriolas dejando claro con ello su ninguna intención de engañar, de que nadie lo pudiera confundir con aquel que falsea para medrar.


El hombre hacía aquello en busca de compañía, con la buena fe que a lo grande persigue la creatividad en el Arte, en cuyo ámbito  no es que se pueda sino que es imprescindible hacer uso de la fantasía con todo lo que se pinta, se musica o se escribe. Si los personajes son frutos de nuestra imaginación, dueños somos de sus biografías, pero si pertenecen a la realidad, el relato, la novela histórica exigen información plena sobre los novelados, tal como la recaba Galdós sobre los protagonistas tan bien resucitados de sus Episodios.


Ahora cuando el respeto a la imprenta y la radio lo hemos trasladado a los nuevos medios, cualquier cosa la damos por válida con la sola garantía de verla enmarcada en internet, que es como me he encontrado la historia truculenta que narra una orgía ofrecida un día de San Fernando de 1798 por la duquesa de Alba. Su autor, por lo visto medio pelo en el mundo de las letras, ha recurrido a un invento disparatado  del que me ocupo en su contenido y no en su literatura.


El lugar, un palacio que no nombra y es el de Buenavista, telón de fondo de la Cibeles madrileña. Ambiente decorado por Goya, el menú rico, un poco cateto, jamón y marisco, y en el aire el aroma fragante de las hierbas afrodisíacas. Asistentes: la alta sociedad, militares de relumbrón, los embajadores de Inglaterra, Francia, Holanda… el de Japón, exótico, inexistente y falso como el de Suecia un Jean Bernardotte que ni conoce el país del que le tocará ser rey por la tómbola de Napoleón... como tampoco esperaba ser cronista de este fiestorro y lo fue por invento de nuestro falsario…


El eje macho sobre el que pivota este disparate es la duquesa de Alba presentada, vaya novedad, como amiga de Goya y también como administradora indiscreta de su viudedad reciente al mostrar sus debilidades en sociedad, faltando así al luto por su difunto marido y primo, nuestro XI marqués de Los Vélez.


Por diversión, la competición, como no, de sexo: para ellos la penal, en el más equívoco sentido de la palabra, para ellas la senil, que ya me entienden… Si la primera fue suspendida, la segunda tuvo recorrido de principio a fin: baronesas y condesas, marquesas y duquesas en cueros, son las encargadas de servir el morbo pues siempre lleva la mujer la peor de las partes en la mejor de las películas porno. 


De los siete baronesas ninguna es real, desde la de Rinini, tan de opereta, hasta la de "etcétera", son todos falsas, como las condesas, si se exceptúan las de Elda, Chinchón y Haro, fácilmente sacadas de cualquier libro de arte por haber tenido la fortuna de posar para Goya. 


Las marquesas, todas de pega, salvo un par de ellas que están extraídas también de alguno de los muchos ensayos de arte que versan sobre el genio sordera por el que fueron tan bien pintadas: la de Santillana y la de Santa Cruz. Otras dos marquesas que podrían ser ciertas son, sin embargo, falsas por imposibles: la marquesa consorte de Cullera, a la que no la imagino compitiendo en senos y haciéndose con el trofeo en la modalidad de caídos -qué quieren ustedes a sus setenta años de entonces- mientras tenía a su marido en casa tan enfermo que falleció a los pocos meses. Y la de Cartago, un milagro de marquesa que asistió, non nata, a la orgía ducal un siglo antes de que se creara el título en 1894 por el niño rey Alfonso XIII.

  

Salvo la de Osuna, también sacada por haber posado para el pintor aragonés, las duquesas son, amén de inventadas, de cachondeo y aún dulzonas y melosas, cómo la de La Alcarria. Tres de ellas, si bien verdaderas, son imposibles: la de San Fernando que fue a la orgía diecisiete años antes de que se creara el título ducal en 1815; la de Bailén, primera duquesa consorte que nunca existió, llegó a aquel desmadre cuando aún faltaban treinta y seis años para que el rey Fernando VII creara el título en 1833 para el general Castaños, héroe indiscutible de la independencia -nunca casó- y de la zurra al francés en 1808; la futura duquesa de Segovia, de soltera Emmanuela de Dampierre, llegada a pecar, presurosa, ¡ciento quince años antes de nacer!..


Y es que para bienmentir hay que tener imaginación… sí, pero sobre todo información y memoria, cosas que se echan de menos en la confección de este engendro literario que en su mala intención oculta que es novelesco y no va en serio, mientras trata de darle un tinte de verdad, de hacer pasar por sana la fantasía pocha. 


Frente a los que pretenden insultar a la Historia no valen risitas cómplices cuando la cosa toca a las nobles, a las reinas; igual lo harían con nuestras madres, con nuestras mujeres, de convenirles y si no reparen en el trato dado a las diablas que aparecen por cuatro cuartos en los programas basura de las televisiones.


Las mujeres que nos precedieron, por lejos que en el tiempo estén, merecen un respeto; insultarlas es tan cobarde  y ridículo como burlarse de un toro desde la barrera; en nada contribuyen cosas como estas al conocimiento de las protagonistas de nuestro pasado, que hoy viven en sus descendientes; nobles o no son reliquias del ayer a las que, en vez de presentarles los respetos, vamos y les metemos el dedo en el ojo y les mentamos sus muertos. Para eso ya tenemos a la leyenda negra. Se empieza insultando a la culta marquesa de Santa  Cruz y se acaba dando un empujón a la estatua de Isabel la Católica."



TRASPORTE AÑEJO EN ALMERÍA


TRANSPORTE AÑEJO EN ALMERÍA. Los abuelitos del autobús

Artículo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 28 de julio de 2021.

"Miércoles 21 de noviembre de 1900. Un coche Marot y Gardon, pistoneando, sube el Paseo de Almería, tras él los niños con el dedo en la nariz tal como siguen a la banda de música cuando toca de pasacalles; desde la acera y los balcones la gente mira incrédula y en la calzada los mulos y caballos, se asombran acentuando sus ojos con las orejas de punta… 


Así es como llega el automóvil a Almería, de "'sport", disfrazado de curiosidad, de espectáculo, cuando es un avance técnico venido a dar la puntilla al carromato y dejar en el paro a las mulas de la diligencia que aquella tarde, visto lo visto, hacen muy preocupadas el paso de El Cañarete, mucho más avisadas ellas que el poeta vituperador en verso del primer coche:  


"Negruzco y trepidante mamotreto/

que despides olores pestilentes /

y aturdes con tu estrépito a la gente, / 

que te ve con terror, no con respeto."

Menos mal que a mitad de composición se le encendió el caletre  y viró hacia la duda: 

 

"Tal vez tu mecanismo, hoy incompleto,/

logre delirios que en tu afán intentes/

y un día con sorpresa nos presentes/

ventajas que hasta aquí son un secreto."


Y se puso del lado de las mulas: quizá recordara el hombre, como las bestias más veteranas del tiro, la visión fantasmal del coche de tres ruedas que vieron en el Paseo, vísperas de Navidad de 1900.


En 6 de mayo de 1908 entra en el puerto el vapor Cabo Roca, uno más de los muchos que vienen a por uvas y emigrantes. De la visión del Paseo han transcurrido siete años que no será nada  para un tango, pero para un invento, como para un preso, es una eternidad: y han ocurrido muchas cosas; ha venido un par de coches de tres ruedas, el de don Ramón Orozco y el de de don Federico Fischer, los dos Berna del Sr. Bartolí… y se ha establecido la matriculación y con ella el AL-1 el Ariel del granadino don Luis Bardón, el AL-2 el Gobron-Brillié del virgitano don Francisco Joya y los cuatro locomóviles a vapor John Fowler, AL-3, 4, 5 y 6.


La Spanish Motor Transport con sede en París y Londres los trae con la intención de crear las primeras líneas de autobuses de Almería; del barco a la matrícula, y ya AL-7, 8 y 9, de cabeza a la carretera. A las 8 de la mañana del martes 12 de mayo de 1908, del solar garaje de General Tamayo, 1 se inicia el viaje a Berja por Adra: las ventanillas del vehículo enmarcan las cabezas con gorras de ingenieros de: Toll, jefe de Obras Públicas, Cervantes de Obras del Puerto, Gómez, Molero, Pírez y Donoso...  y entre ellas el bombín del gerente don Francisco Lázaro y el único sombrero de copa: el del barón Edg de Marçay, consejero de la compañía y no florero decorativo, como suele,  sino un noble francés de categoría en el mundo del motor y de la aerostática, inventor de coches y globos y, por invertir, accionista del casino de Montecarlo, en donde gana sin apostar.


Todos disfrutan de la velocidad y el paisaje sin contrariedad alguna,  a no ser las miradas malintencionadas que de reojo le echaron las mulas de la diligencia al cruzarse en el llano de Dalías… A las dos horas y media entran en la plaza de Berja, sorprendiendo a los vecinos que se admiran de ver un vehículo mucho  más grande que el Gobro Brillié de don Francisco Joya que lleva cuatro meses en el pueblo dando pistonazos en falso sin competencia ninguna. Palabras y almuerzo en el casino y a las cinco de la tarde, como el humo de los puros, la expedición se esfuma de vuelta para Almería.


A los dos días hacen el viaje por la carretera de Granada hasta el sitio de Los Imposibles, 25 kms. en una hora y cuarto; las cuestas subidas al vértigo de 35 km por hora. Dos viajes, dos éxitos, pero no tardaron en surgir los problemas y la empresa no encontró otra solución que el cese de Lázaro, el almeriense inspirador del proyecto, convertido por la injusticia en cabeza de turco… con bombín. Los autos venidos para red provincial de Almería terminan aquel verano como la primera línea interurbana de Almería, un trae y lleva, de once horas desde las 5 de la madrugada, a 15 céntimos el bañista, desde Puerta de Purchena al Recreo cuando no acerca gente al tren y a los toros o uva al puerto.


Tras pila y banquete, toca ahora tratar del bautizado aquí presente en una ilustración preciosa, mejorada por la pericia de Juan José Salvatierra y que solo le falta hablar… Es uno de  los tres Vitrac Dugelay, para 17 personas y 600 kg. de equipaje; tiene el vehículo todavía mucho de lo que fue: diligencia que ha escondido sus 24 caballos en el motor y ha cambiado faroles por faros de carburo. De los tres choferes, uno al volante y dos de pie, delante y detrás del coche, conocemos sus apellidos pero no sabemos en qué cara ponerlos: Wolft, Monssy y Moquetier; si ellos casi, anónimos plenos son sus ayudantes: sobre el capó, en la escalerilla y, sentado entre dos, en el estribo…


Por placer, o deber, viajan los doce pasajeros; la mala costumbre de no identificar las fotos lo hacen incógnitos,  solo por uno de los tantos milagritos que el Museo de Terque obra, sabemos que entre las caras que nos miran se halla la de Eufrasia Guevara, una de las dos jóvenes que con sus padres va a Almería a hacerse la prueba de su vestido de novia... o eso creo, que es ventaja que nos da lo indefinido para modelar la historia. Como creo ver, de pie en la berlina, a un propietario satisfecho de ir al cierre exitoso de una operación uvera. Para la foto, Cánovas con su sombrero se ha subido al imperial, el gallinero, donde andan tres braceros que terminado el engarpe de las parras van al embarque de su uva… 


Mientras al costado del coche se lee "Almería - Los Imposibles". ¿A que suena a reto? Y lo fue; y además airoso, pese a los contratiempos iniciales. No hace falta sino mirar a nuestro alrededor para ver como ruedan los nietos grandotes y bien criados del abuelito autobús."



EL ESCULTOR JUAN CRISTÓBAL.


EL ESCULTOR JUAN CRISTÓBAL. Granadino de vocación

Artículo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 12 de julio de 2021. Foto ilustración revista La Esfera.

"Es verdad que los sueños se desvanecen rápido, pero se ve que algunos, los nacidos como excepción de regla, son inolvidables; como si me acabara de despertar de él recuerdo uno de mi ya lejana infancia: trato de trepar por la fachada de una casa cuando aparece un enano que sin dejar de reír, unas veces se arrastra y otras salta, impidiendo a manotadas el que me agarre a la reja… desesperado, cojo un tubo de hierro y trato, impío, de aplastar al burlón sin éxito alguno pues siempre llegan lentos y a destiempo los golpes que le dedico. Impotente, despierto y estoy cogido a la barra fría metálica del cabecero. Como para mover la cama...


Por eso se salvó el enano. De ahí el origen del sueño que solo es creación onírica en la pelea pues el resto no es sino un reflejo fiel de la realidad: tendría yo once añillos y desde mi colegio de los Capuchinos de Madrid cada vez que tenía ocasión corría a una casa de la calle Londres, esquina S.O. con Campanar y, reja arriba, me encaramaba a un ventanal tras cuyos vidrios se me abría un mundo mágico con personas, animales y cosas misteriosas que no lograba identificar. Un mundo inmóvil lleno de vida para mis ojos niños y en el que raramente hallaba presencia humana y cuando esta se presentaba era el toque de retirada, de la vuelta al suelo para evitar ser descubierto.


Pero lo que más me llamaba la atención de aquel mundo congelado eran dos caballos sobresalientes por enormes e iguales como iguales eran sus jinetes por allí apeados, de pie con las piernas abiertas y dispuestos a la montura lo que les daba un aspecto un tanto ridículo que a mi me recordaba al de las primeras figuritas de plástico de los juegos de indios y vaqueros siempre atentos a mi orden de cabalgada.


En el pedestal del caballo más cercano había una inscripción grabada que yo copié en mi memoria:  "Don Rafael Leónidas Trujillo Molina Benefactor de la Patria", frase de la que, aparte de Don  Rafael, ninguna palabra entendía; pocos años después supe que Leónidas era uno de los modos que la América hispana tiene de rebajar los nombres recios, de pila a telenovela; supe del empeño de Trujillo por beneficiarse, dictando, de la patria Dominicana y supe también que Juan Cristóbal Gozález era el escultor, el dios creador de aquel mundo maravilloso.


Conocimientos ampliados cuando me convertí en yerno, admirador y amigo de Jesús de Perceval quien me aportó más datos sobre el escultor al que él había conocido siendo niño por medio de Zuloaga y ya de joven a través de su profesor de modelado Nicolás Prados. Cuando le conté mis escaladas infantiles, me refirió que Juan Cristóbal solía reunir allí a artistas y escritores, originándose unas tertulias muy interesantes que en invierno eran además heroicas cuando el estudio se tornaba congelador, con un frío que pelaba y congregaba a todos alrededor de una gran estufa de hierro.

 

A tiro abierto, el voraz calentador demandaba con frecuencia carbón que era encargado por Juan Cristóbal a un hombre mayor que por allí andaba semi camuflado y sin integrarse ni intervenir jamás en la reunión y lo hacía con una orden imperativa que era acatada con evidente disgusto por aquel sufridor; compadecido Perceval, en un aparte entabló con él conversación y en ella trató de disculpar al escultor, achacando aquel tono a cosa de artista… hasta que el hombre le dijo: "ya, ya… pero es que soy su padre".


Desde aquel momento la admiración del pintor por Juan Cristóbal dejó de ser total para ceñirse al artista y, la verdad, con independencia de cualquier justificación, para tener a un padre así acogido mejor ningún amparo; podría haber hecho lo que hizo con su madre Ohanes: tenerla lejos del corazón, no frecuentarla y hasta a la hora de nombrarla llamarla Granada. Un dolor, sí, pero de ojos que no ven.


No acierto a comprender el porqué de este reniego de patria chica de Juan Cristóbal; es como si al haber perdido a su madre biológica hubiera perdido también a la gentilicia. Como si la pronta inseguridad que le deparó su pueblo se hubiera tornado acogida en Granada a donde llegó de niño y se inició de artista, transformando su gratitud en devoción algo que, aún comprensible, no debería suponer la negación de su tierra pues por necesidad lo es el emigrante y no la niega.


Y no lo hizo en tres como San Pedro sino en un millar de veces y quizás por eso el almeriense le nombre en mil ocasiones paisano en desagravio de las tantas que él lo ocultó. A pesar de esta negación continua no deja Ohanes ni Almería, de presumir de hijo. La verdad es que no hay nada como una madre a la hora de perdonar. Y algo de madre tenemos todos a través de la capacidad de idealización con la que, sin otra herramienta que la mente, dulcificamos las esquinas agresivas  de las cosas al tiempo que desdibujamos sufrimientos y experiencias negativas, todo un autoengaño surgido de la necesidad de crearnos el mundo bueno que nos merecemos. 


Por eso el almeriense tiene idealizado a Nicolás Salmerón quien salido joven de Alhama reaparece ahora, bronce y muerto de un siglo, para hablar con El Cañillo de la Puerta de Purchena y ahí está ufano de haber hecho al fin algo por Almería. Como idealiza a Juan Cristóbal y al maestro Padilla cuyas relaciones con la tierra fueron laborales: el himno de la Patrona y el busto de Navarro Rodrigo, música y escultura a cambio de dinero.


La del carbón como la de la abjuración de patria son, por supuesto, dos malas notas para el artista pero no dejan de ser dos pequeñas miserias en su ejercicio de hombre y a las que urge idealizar: reparemos no en su lado oscuro sino en el de la luz de su mucha obra de arte, una legión a cuyo frente va -con un toque de Moisés a caballo que ha cambiado las tablas de la ley por la espada- El Cid de Burgos que ese sí que era un benefactor de patria y no el patizambo Trujillo que vi de niño en el estudio de Juan Cristóbal, el escultor almeriense que no sé por qué decidió un día hacerse granadino de vocación."







!OTRO ESCUDO GRITANDO!


¡OTRO ESCUDO GRITANDO! Rey Chico, okupa en Fuente Victoria.

Artículo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 4 de julio de 2021.

"A gritos proclama un escudo de Fondón que su casa es de los del Moral y no de "las Godoyas" con el mismo ningún éxito de mis quejas en este diario y ante aquel ayuntamiento del que no he merecido respuesta alguna a no ser la oficiosa, advertencia sutil incluída, que se me dio hace unos días por parte de alguien que suponía con sensibilidad histórica: que yo era solidario con el escudo por ser ¡toma ya! " pariente consorte de los del Moral".


Si ahora descubre mis lazos de familia con las aves estoy perdido: parentesco tan cercano [somos bípedos en primer grado…] además de exponerme a las iras de algún bruto, invalidará por interesada mi petición de que el ayuntamiento de Laujar restituya los cuervos a su escudo oficial… e invalidará también mi empatía con unas palomas heráldicas empeñadas las pobres en devolver su nombre original a una de las casas más bonitas de nuestra Alpujarra...


El lugar de Cóbdar de Andarax de los árabes se llamó luego Presidio, hasta que en la segunda República, pensando que el nombre venía de cárcel y no de lugar principal, se le denominó Fuente Victoria para pasar después a acrecentar el término de Fondón hasta que finalmente quedó constituida en entidad local.


Menos mal que el alto Andarax no es tierra cargada de escudos; de haberlo sido, no un grito sino un clamor es lo que resonaría en el valle por el continuo maltrato de obra y de palabra infligido a su patrimonio desde la impunidad, sin que sirva de nada la protesta, pues no hay nada como un sordo voluntario para pasarse el grito de una piedra por el arco del triunfo al tiempo que coplea aquello de la Piquer: "No me lo cuente vecina / que no me quiero enterar".


Bueno, pues si no quiere que se lo cuenten, ampliaremos los gritos para que al menos se enteren los alcaldes de Fondón, Laujar y Fuente Victoria, que entre sus obligaciones está la de combatir el embobamiento ante lo foráneo mientras se abjura de lo propio por creerlo inferior, ninguneando así a quienes arraigaron en la tierra, se entregaron a ella y en ella dejaron sus corazones latiendo, si no por su sangre sí por sus obras. Entre las que, por supuesto, se cuentan sus casas, tal como esta que desde mediados del siglo XVIII adorna Fuente Victoria, un privilegio por sí misma, por sus fundadores, el paisaje y el mucho campo a ella vinculado según muestra su almazara. La "Casa Grande", cuyo blasón de piedra decía ser propio de los Palomar como ya escribí y dibujé en mi libro Los Escudos de Almería publicado en 1986.


En 1753 la habitaban dos huérfanos de catorce y doce años, don Manuel y don Pedro Palomar de Estrada -así, con el "don" de los hidalgos- tutelados por la madre y el padrastro. No he podido precisar lo que aconteció con estos dos pobres niños ricos; tal vez murieron jóvenes… o fueron heredados por los descendientes de su tío Andrés de Palomar, pleiteante por su nobleza en 1775 ante la Real Chancillería de Granada… pero el caso es que acabó faltando descendencia directa a comienzo del siglo XIX y gran parte del patrimonio pasó a un ilustre linaje capitalino con el que había enlazado por el casamiento de Juliana Palomar con Lorenzo Puche. En tiempos de José Puche y Perceval, alcalde de Almería y su último alguacil mayor perpetuo, se produjo en 1820 la supresión de los mayorazgos, liberadora de sus propiedades para la venta.


Venta que al igual que ocurrió con la de los bienes desamortizados, supuso la decadencia de la casa a la que sin duda ayudó la de la minería, causante en gran medida del empobrecimiento del pueblo; el edificio fue ganando abandono y cerca de la ruina andaba ya cuando en los años cincuenta empezó el turismo y entonces una lumbrera de la tierra, Bernardo Martín del Rey, poeta e historiador, presunto, vió cómo estos reparaban en la casa y no tardó en responderse su propia pregunta poniéndose él por medida: "esto tan admirado no puede ser de uno de los míos, de uno como yo…" y se le encendió el candilillo y ¡hala! sin importarle historia ni documentos se revistió de archivero de Almería, presunto, de fabulador, cierto, y endosó la casa a Mohammad XI, último rey de Granada, Boabdil para los enemigos, Rey Chico para los amantes de la comparación. 


Pero una cosa es que el osado imponga nombre y otra que los que pagan el bautizo ni siquiera lo cuestionen. ¿Es que acaso volvió el rey llorón, zombi de doscientos años, a pasar el resto de su eternidad en Presidio? No imagino de anfitriones a los Palomar para quienes Boabdil era la encarnación del mal y antes se hubieran dejado aspar que alojarse   ; como tampoco veo al sultán de las llantinas interesado en ser huésped forzoso por muy bonita que la casa fuera.


Ya hemos visto cómo en ausencia de los dueños, uno de esos que hacen suya hasta la caspa ajena, invitó al Rey Chico, no a pasar unos días, sino a quedarse para siempre en la casa. Ni los Palomar se merecen esto ni Boabdil está dispuesto a consentirlo... ¡Pues no es nadie él para aceptar vivienda cristiana, habituado a vivir, como vive, fantasma, en la Alhambra, la casa mora más bonita del mundo! Por otro lado, no sé a qué viene tanto miramiento con Boabdil. ¿Qué hizo por la taha de Andarax que en señorío le dieron los Reyes Católicos?  Pues venderla, echar unas lagrimitas cocodrilas y salir corriendo a embarcar en Adra rumbo a Marruecos con ochenta millones de maravedíes en la buchaca. 


Si en su día era explicable que desconociéndose la identidad de los fundadores de la casa se recurriera a este invento, ahora, cuando se sabe, resulta inaudito el mantener esta atribución, agravio a la Historia y desprecio de sus protagonistas. Menos mal que el destino es sabio y propició que los Palomar se fueran de Presidio al hoyo sin saber que la tontuna le acabaría robando a su casa el nombre del linaje para dárselo a un rey enemigo, ante la indiferencia de todos.

De todos menos de las palomas de su escudo que zurean cada vez más alto, hasta llegar al grito, indignadas de tener al Rey Chico, okupa en Fuente Victoria.




LAUJAR ES LISBOA. Y AL REVÉS.



LAUJAR ES LISBOA. Y AL REVÉS. Cuervos en la fuente mayor.

Articulo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 30 de mayo de 2021. 

"Francisco Villaespesa ya era desde niño experto en sacar poesía hasta de la piedra: y así cantó al escudo de la puerta de su casa y de su linaje: "¡estrellas para el amor / castillos para la guerra¡ " y a los pilares de Laujar: "Seis fuentes tiene mi pueblo / y aquel que beba sus aguas / tal sabor a gloria tienen / que nunca podrá olvidarlas", tal como si hubiera visto la inscripción de la fuente del Marqués en Vélez Blanco: "Qvi gvstat hos latices non oblibiscitur uncuan", que vino a decir lo mismo pero en latín y dos siglos antes.


Y si se entretuvo el poeta en contarlas, seguro que no se le pasó por alto la fuente Mayor, en cuyos caños apagaría mil veces los acaloramientos de sus juegos infantiles, pero fue una pena que no la mirara, que yo sepa, con ojos de poeta; de haberlo hecho hoy tendríamos un bello poema sobre esta obra de agua y prestigio del siglo XVII. No podría Villaespesa, tan ocupado el hombre en fuentes árabes y ornamentales, reflejo de perlas y odaliscas, dedicar su arte a esta tan cristiana y tan utilitaria, espejo de caras de labradores y bestias de labor y culos de cántaros…


Una fuente con el abrevadero formado por una moldura grande y abultada aportadora de peso estético a la obra y base de un tablero con tres casetones: los laterales para los caños con mascarones hombriplantas de un renacentismo rezagado y el central para una cartela ovalada en la que en un latín erosionado se puede casi leer que la fuente es fruto del trabajo del municipio de Laujar de Andarax... y de Diego de Tortosa, vecino de Huécija, buen maestro en obras y aguas, pero vanidoso: ni rey, ni corregidor ni alcaldes ni regidores tienen mención en la obra pública… Velázquez, con lo artista que era, no se hubiera atrevido a retratarse en Las Meninas, él solito sin reyes ni infanta, sin damas ni gentilhombre...


En la cima de la fuente solo queda el aro de la corona original, la real española de diademas de perlas rematada por el orbe y la cruz, o sea: la parte más calada de la talla y, en consecuencia, la más débil, de ahí que se hiciera añicos al golpe de la primera rabieta republicana. La corona culminaba la fuente como culminaba todo lo público en aquel año de gracia de su construcción de 1684 en que era detentada por la magestad tan católica como enfermiza del infeliz rey Carlos II.


Bajo la corona, hoy muñón informe, cubo sin asas, el precioso escudo ovalado: sobre olas, un barco con vela hinchada y el gallardete aspado de San Andrés al viento, un cuervo en proa y otro en popa y, en punta, una fortaleza... y es aquí, en la piedra, cuando el blasón cobra vida y da la palabra a los cuervos - que tan bien y seriamente hablan, no como los loros- para que nos cuenten como es él el más barroco de los motivos de la fuente, como lleva siglos representando a LAUXAR DE ANDARAX, la "capital" de la Alpujarra, con permiso de Ugíjar. Como ellos mismos, los propios cuervos, navegantes con viento en popa, se bastaron solos para gobernar la nao con la que recogieron el cuerpo de San Vicente, en su Cabo del Algarve para llevarlo a Lisboa. 


Fueron de luto, como enlutados van siempre todos los cuervos desde que en el año 304 en Valencia velaron el cuerpo del santo Vicente recién martirizado para evitar su profanación por las alimañas. Y por eso también han pintado la nao de negro. 


De piedra se quedan los lisboetas cuando un atardecer dorado de 1157 -el mismo año en que los árabes retoman Almería- ven entrar navegando sobre olas de verde y plata la negra nave con los negros cuervos; tan impresionados quedan que adoptan aquella imagen como escudo de Lisboa; lo mismo que hacieron los laujareños cuando días antes la vieron zarpar de la fuente.


Al escudo de Laujar, tan envidiado por heráldico, certero y antiguo, le han suprimido ahora los cuervos en su versión oficial; así, con un par, ha decidido alguien que las aves están de más y ante esto cabe preguntarse ¿por qué sobran los cuervos y no la nao, las olas o el fuerte?... ¿Y por qué no todo y así se queda el blasón vacío, hueco como la cabeza del que lo ha modificado? 


Que una cosa así lo haga un brincabalates es algo penoso pero previsible; lo que nadie puede esperar es que Laujar con su ayuntamiento excelentísimo, su iglesia santa  y su pueblo soberano lo acepten, permitan sin más la mutilación de su escudo, dejando al más primitivo, y bonito, de los blasones municipales labrados de Almería, sin la pareja de cuervos que conforma la figura mayor, si no en tamaño sí en simbología, al representar como representa a San Vicente Mártir patrón de la villa. Vamos, como si el oso fuera eliminado del escudo de Madrid  por un desocupado que a la hora de entretener ocio matara plantígrados en vez de moscas, que es lo que mata el demonio, tan malo él pero sin una pizca de tonto.


Se ve que no teníamos bastante con la eliminación de la fortaleza que, por querer diferenciarse, antiguamente había añadido Laujar o quitado Lisboa, pérdida esta de menor importancia al tratarse de una figura secundaria; en lo fundamental son ambos blasones hermanos y por eso es inevitable pensar en como hay ciudades en todo el mundo hermanadas por compartir nombre, origen, vecino ilustre… razones todas mucho menos potentes que la nuestra: compartir santo patrón y escudo y, además, de una forma maravillosa.


¿O es que acaso no les parece a ustedes mágico que vayan dos cuervos de Laujar a Lisboa, uno de capitán y otro de timonel, uniformados a la luctuosa, gobernando un barco con un santo en la bodega; que se hagan una "fotografía", siglos antes de su invención, y ambas poblaciones se prenden de ella y la adopten por blasón?  Ningún argumento podría tener más peso. Urge, pues, devolver al escudo los cuervos para que protagonicen, desagraviados y con todos los honores, el hermanamiento de ambas  poblaciones que desde aquí propongo en la certeza de que, al menos en lo heráldico, Laujar es Lisboa. Y al revés."



BALTASARICO DE CUEVAS

BALTASARICO DE CUEVAS. El valor de la tradición oral.

Artículo de José Luis Ruz Márquez publicado en el periódico Diario de Almería de 24 de mayo de 2021.

"Cuevas del Almanzora, 1971. Pintaba yo en una explanada allá por el Cementerio cuando conocí a Baltasar, nolosé de apellido y poco que importa; guarda en un depósito de chatarra, lo único vivo entre tanto metal muerto, se ve que se aburría y se acercaba a mí, nunca supe si a verme pintar o a que le oyera hablar.  El caso es que durante unos días un par de artistas, uno que pintaba y otro que hablaba, celebraron una cumbre de alto nivel en un cerro chatarrero y panorámico.


Persona mayor a mis ojos jóvenes, bajo la gorra gris de visera, el ceño fruncido y la barba de días… aquel hombre serio hablaba ronco y como si lo estuviera haciendo consigo mismo mientras miraba con un ojo guiñado unas veces al cuadro y otras al infinito, siempre pegado al labio el cigarro que le teñía el bigote de amarillo nicotina.  

A ratos crítico de arte detectaba en el paisaje al óleo la desaparición de un poste de la luz, la ventana de más, el exceso de gris en el cielo… y me lo hacía saber pensando que eran aquellos, fallos y no intenciones mías.


Su aspecto hosco y huraño encerraba un tanto de ternura que fue en aumento a medida que lo fui conociendo a través de las muchas cosas que narraba -eso sí, como si se las contara a otro pues raramente me miraba al hablar- la mayor parte de las cuales se me han borrado que es lo que suele ocurrir con todo cuanto, confiados, echamos en el cesto sin culo de nuestra memoria… 


Recuerdo una anécdota que me llamó, cómo tantas de las suyas, la atención: resulta que allá por los años veinte con ocho o diez anillos vivía en Las Herrerías donde su padre trabajaba de minero; cada día su madre lo mandaba a subirle el almuerzo al padre y allá que emprendía Baltasar la cuesta arriba con la talega de las energías al encuentro con su progenitor. Y lo hacía sin vagueza alguna, pues está claro que uno solo mide esfuerzo cuando compara y él no lo hacía, tenía que subir y subía. 


En aquellos ascensos solía coincidir con un ingeniero, barba blanca y traje a juego, quien detenía su coche descubierto y grande, de muchos caballos invisibles pero sonoros y alzaba su voz sobre la del motor para más que hablarle gritarle:

-"¿Qué, Baltasarico, a llevar la comida a tu padre? y sin esperar la respuesta que ya conocía terminaba diciéndole:

- "Te llevaría en el coche… pero cuando mañana subas y yo no pase se te hará la cuesta más larga" y al tiempo que le dedicaba sonrisa de despedida metía la marcha al auto y continuaba hacia la mina por el mismo camino que acababa haciendo, suda que te suda, nuestro Baltasarico quien dicho sea de paso -de muchos pasos, que de eso iba- hallaba desde su inocencia niña totalmente justa y razonada la explicación de aquel técnico, superior en todo menos en aquello de la caridad.


Tiempo después de oír esto, conocí la existencia del arqueólogo Luis Siret, belga y sin embargo amigo de España y apasionado de su historia remota; ví su foto, barba blanca, traje a juego, lo supe ingeniero y vecino de Las Herrerías y llegué a la conclusión de que conductor e historiador eran una misma persona. Idea que pronto pude desechar cuando reparé en que jamás se le hubiera pasado a Baltasar por alto el dato del fuerte acento francés con el que el célebre arqueólogo pronunciaba su español perfecto. Eran, pues, personas distintas y entonces respiré aliviado, ya a salvo del batacazo que nos damos cada vez que da un simple tropezón cualquiera de nuestros admirados.


En otra ocasión me refirió sus primeros días de la Guerra del 36; con un montón de mozos reclutados, con armas, alimentos y vehículos requisados, salieron de Cuevas con la única uniformidad de un trapo colorao al cuello y la intención de salvar Murcia de los sublevados. En La Bayabona se unieron a otros de Vera… y carretera y manta: Huércal-Overa, Puerto Lumbreras... 


Cuando aquella tarde, ya Lorca pasada, llegaron a la hermosa finca de San Julián, el señor conde de ese nombre, su dueño, había puesto prudente tierra por medio y en su representación, es un decir, quedaron los guardeses que miedosos y sin autoridad alguna recibían a la gente más como posaderos que responsables. Calmada la sed, hicieron una descubierta por patios y establos en busca de poder convertir el hambre en apetito… y saciarlo.


Corrales y gallineros vaciados, cuando se pusieron en marcha ningún animalito cantaba en San Julián que no fuera la dichosa chicharra de julio...  Baltasar, de pie sobre la caja de la camioneta, mirando sobre el techo de la cabina hacia al punto de fuga de la carretera, con el ojo guiñado como luego miraría mis cuadros, se dijo por lo bajito y clarividente: "Así no ganamos esta guerra..."


Y siguió hacia Murcia la expedición, columna, turné, gira...  que no sé lo que aquello era pero ser fue y, como tal, le asiste el derecho y el deber de figurar en la Historia, siempre tan necesitada del contrapunto de lo modesto a tanta grandeza y épica. 


Desde pequeño me encantó oír anécdotas de los mayores, narradas con misterio y confidencia, como guardándose de oídos indiscretos pero dejando a los tuyos que se empaparan y así fui sabiendo de infidelidades, bandolerías, guerras civiles... fechos y fechorías que despertaron en mí el interés por la Historia. 

Así, con mayúscula, que es como ha de escribirse la Historia, hasta la que se ha dado en llamar menor, la que aporta el día a día que engrandece a la que dicen mayor, la de los reyes y batallas, conquistas y monumentos… y si no, díganme qué sería de la Historia grandota sin la animación de gente como Baltasar, un hombre bueno con nombre de rey mago que ejerció de guarda de chatarrería y a veces de cronista y crítico de arte. 


Nunca recibió regalo de los Reyes y pienso que lo tenía aceptado con la misma naturalidad con que comprendía al ingeniero que jamás le ahorró la cuesta; quizás pensara que con su nombre no estaba él para recibir regalos sino para hacerlos. ¿Y los hizo? Yo no sé a otros, pero a mí sí me obsequió con el regalo hermoso de sus confidencias."